domingo, 25 de marzo de 2012

El cachondismo


Uno puede ir caliente de varias maneras. De hecho hay diferentes grados de cachondismo. La escala en el mercado abarca desde el grado 0, que son esos momentos en los que no te tirarías absolutamente nada, y el grado 10 que significa que te follarías hasta a esa tía que parece que mira raro, pero en realidad es bizca y tiene mugre entre las uñas.

Digamos que por defecto, al ser hombre, llevo incorporado el grado 8,5 en la escala de cachondismo. Siempre. Y diréis “Este tío va muy caliente”. Pues sí. Pero yo, y todos los hombres del mundo. Venga va, en serio, vosotras mujeres ¿os creéis que un hombre no piensa en sexo? Evidentemente que todos pensamos en eso.  Si no, de que iban a poner en los informativos la gran noticia de que Victoria’s Secret ha sacado nueva temporada, o que en la contraportada del As salga una tía en pelotas. Tengo una teoría, y es que los hombres nos podemos dividir en dos grupos (me encanta dividir en grupos a la gente): los que se tirarían a Sara Carbonero y los que no.  Os voy a ser sinceros y confieso que yo pertenezco al segundo grupo. Lo siento, pero ver como sus ojos se acercan cada vez más a sus orejas no me pone nada. 

No todo es culpa nuestra. Que pensemos tanto en el sexo también es culpa de las mujeres. La historia es la siguiente: tenía esa “amiga” que hacía muchísimo tiempo que no la veía y de repente un día PURURUP!, un WhatsApp de ella diciéndome de quedar para tomar unas cervezas. Perdona “amiga” pero al leer tu proposición lo que pienso es “me-la-fo”, pletórico de alegría le comento a mi colega por otro WhatsApp “Tío, tío, que Eustaquia quiere salami” “j aja ja, eres un vividor follador, cabrón” a lo que Eustaquia me escribe para ver dónde quedamos (se abre su ventana), y yo que quería contestar a mi colega le escribo a Eustaquia “Sí, esta noche me la fo como un campeón ahí PIMPAM all night long, ya verás, mañana tendré agujetas hasta en la lengua”. No había excusa que decirle, así que al ver mi garrafal error le puse acto seguido “¿Sí o no?”.  “jajaja” me contestó, que para quien no lo entienda, en idioma mujer quiere decir “y una mierda, capullo”.  

Este es un punto negativo de ir en un 8,5 de la escala del cachondismo, que a veces te nubla el juicio.

domingo, 18 de marzo de 2012

Reivindicación para los habladores


Los hay con manías tontas a la hora de acostarse con alguien. Hay quien no se quita los calcetines y hay quien no para de hablar. Bien, yo soy del segundo grupo. Tengo una extraña habilidad para poder hablarte de lo que sea mientras estoy dándolo todo.

Lo malo es que no todas lo entienden. Las mujeres se dividen en dos grupos: Las que no te sigue la conversación en la cama y las que sí.

Las del primer grupo te tapan la boca con la mano y acabas diciendo algo como “Pueshg nogh teef vafs a creeegh lo que me dishof mi panaderaff”. Este grupo de mujeres no es de fiar. Alguien que no te deje explicarte, comunicarte, intercambiar información y/o expresarte y que encima no se quite los calcetines para meterse en la cama no es de fiar. Es tan simple como eso. De hecho están rozando la ilegalidad y el crimen organizado. Si os fijáis en las comisarias, en el cartel de los de ETA más buscados, todos tienen cara de no quitarse los calcetines a la hora de follar y de no dejarte hablar.

Luego está el segundo grupo, que me encanta porque es donde más lazos creas en la relación. Follar hablando. Pero no hablar de “Oh que buena estas, como me pones”. No, no. Hablar de cosas cotidianas, del día a día. Pueden surgir conversaciones memorables como:

Oye, ¿solucionaste eso de la matricula? BUAH”
Sí, ahora estoy preocupada porque no sé si podré con tantos créditos JODER”
Tranquila, tu puedes con eso y más. Por cierto, mañana tengo que ir a pasar la ITV, ¿me acompañas? DIOS DIOS”
No puedo, tengo que acompañar a mi hermano a no sé que del médico. BUFFF JODERR”
Bueno, te tengo que explicar lo de mi panadera, cada día está más loca. Creo que me mete algo en las de cuarto. AAAGGH BUFFF”

Sí. Como habréis adivinado los BUFFF son la culminación de un señor polvo. Es curioso pero esto implica que en momentos normales haya silencios incómodos. Claro, como ya nos hemos puesto al día mientras hacíamos otras cosas, es normal que el tema de conversación en el coche sea “El maravilloso mundo de la meteorología”.  Es la única pega que le encuentro al grupo de gente que folla y habla, por lo demás es genial. Probarlo. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Las baja-nabos


Hay frases que una mujer nunca debería decir. Son frases baja-nabos como me gusta llamarlas. Frases que deberían ser un tabú universal. A lo largo de los años he visto de todo, he hecho un recopilatorio y quiero compartir con vosotros las barbaridades que me han llegado a decir:

No tengo saldo:
¿No tienes saldo? Yo no tengo 15 años. Se ve que aún existe el saldo.

¿Me das tu Messenger?:
Mess… en… ¿qué? Dime al menos que tu nickname no es “mOOrEnikah rEshulona69”.

¿Viste anoche “El Barco”?:
Debería estar muy drogado para tragarme semejante mierda. Por cierto, a la que no voy a ver más va a ser a ti.

HLA KTL? (DM en Twitter)
Unfollow, Report, BLOCK.

No quiero que bajes a comerme el potorro y no creo que te haga gracia saber lo que me pasa:
¿Por dónde queda la salida de emergencia?

Soy vegetariana y no sé cómo te puede gustar el jamón:
Luego te digo si eres vegetariana de verdad.

¿Friends? ¿De verdad te gusta eso?:
(FRENAZO) Baja de mi coche. Baja. He dicho que bajes.

Me encanta Pitbull:
Yo es que vivo con el miedo de que me pregunte “Ya tú sabe” y yo no sepa. Así que uno, do, tre, cuatro, baja de mi coche YA.

No me haces ninguna perdida, ¿te pasa algo?:
Hacer perdidas es muy de los 90’, sólo wasapeo.

¿Qué es un gin tonic?
En serio, es como preguntar a qué sabe el yogur de fresa. Me vas a durar un polvo y medio.

Me encantan las películas de Mario Casas:
Mierda, mi tema estrella para esta noche eran las pelis de Tarantino. Aún estoy a tiempo de decirle que es tonta del culo, fea, que tiene un gusto de mierda y que me encuentro mal. Bueno, lo último no hará falta.

Mi ex tenía un coche mejor:
Sí bonita, tu ex y el 99% de este país tiene un coche mejor que el mío. Como norma general, los ex deben ser un tema intratable la primera cita, así que te aguante él.

Explícame el fuera de juego:
Podremos repetir cientos de veces que el fuera de juego se produce cuando el jugador se encuentra más adelantado que todos los jugadores oponentes menos uno (que suele ser el portero contrario),  pero en la tercera palabra ya se me ha bajado todo.

Debes hacerte Tuenti, es mucho mejor que el Facebook y el Twitter ese:
BAJA ahora MISMO de MI COCHE. ¡BAJA CHONI DE MIERDA!

martes, 6 de marzo de 2012

Mis caras de gilipollas


Hay situaciones (en la vida de un hombre), que son dignas de la mejor cara de gilipollas que existe. Este tipo de cara es reconocible perfectamente cuando te encuentras ante estas situaciones:

Dependienta fantasma 
Disculpa, ¿tienes esta camisa en negro?” “No trabajo aquí” Cara de gilipollas inmediata. Aún así, su ropa no parecía decir lo contrario.

El moco traidor
Hay cosas que cuestan mucho decir. “Te estoy poniendo los cuernos” podría ser una de las frases que más cuesta decir, o “He matado a toda tu familia” sería otra, pero tengo una que las supera: “Perdona, tienes un moco”. Y es que estamos hablando con ella y los ojos inconscientemente te bajan tres centímetros a la nariz para ver si sigue ahí. 

Ahora, la cara de gilipollas total que se te queda, es cuando llegas a casa de una cita (de toda la tarde y noche) y descubres en el espejo del ascensor que eres TÚ quien tiene el moco. Grandioso momento vivido entre el entresuelo y el primero y subiendo para casa.

Ortodoncia no tan perfecta 
Otra de las frases más difíciles de decir es sin duda alguna: “Tienes un poco de lechuga ahí, en el diente”. Aún así no es muy traidora la lechuga, el más traidor de los alimentos para propiciar hacer el primo durante toda una cena es, claramente, el orégano. Muerte al orégano. Consejo: ir periódicamente al baño durante la cena para comprobar tu dentadura. Hacerlo, que yo tengo la manía de ir al final de la cita y darte cuenta después de dos horas de cena que has hecho el completo gilipollas.

Pregunta lo que quieras, menos esto 
Mujeres del mundo, tenéis libertad para preguntar lo que os salga del potorro después de un polvo porque los hombres nos quedamos exhaustos y anestesiados, y gracias a esto lo contestamos todo. Lo ÚNICO que no podéis preguntar es: “¿YA?” con cara de pena. La mejor respuesta que os podemos dar a esta pregunta es poner cara de gilipollas.

Hortalizas no, gracias 
La mayor cara de gilipollas que se te puede quedar es cuando te encuentras en medio del asunto, dándolo todo (o eso crees) y ella con toda la pachorra va y dice “¿Probamos cosas nuevas?” El movimiento especial Sullivan no le está gustando. UY… Cuando una mujer te dice de probar cosas nuevas, y dependiendo de quién sea, ¡huye! Pero como soy muy abierto la reté: “¿A si? ¿Qué cosas?” “Ve a la cocina y trae un pepino de encima del mármol”. Mi cara cambió de total-fucker a gilipollas absoluto.

Llegué a la cocina rápido para no enfriar la cosa y aquellos tamaños de pepinos eran descomunales “Mierda, mierda, mierda”. Nunca me hubiera imaginado estar en la cocina de esta tía en pelotas escogiendo pepinos. Después de pensar en la chorrada del día, seguí con mi “Mierda, mierda, mierda” Y pensaba: “Si le llevo este me sustituirá por una puta hortaliza, Sullivan, coge el más pequeño”.

Cogí el más pequeño, pero aún así el tamaño era monumental. “¡ME ENFRÍOOO!” Gritaba ella desde la habitación. “Pues una ensalada de pepino fresca” Le contesté inconscientemente. “¿QUEEE?” Mierda, me había oído. “Nada, nada, que ya voy”. Por el amor de dios debía concentrarme y dejar de pensar en gilipolleces.

Ni Pedro Almodóvar hubiera imaginado la escena de un tío como yo, en pelotas por una casa desconocida, en aquel pasillo largo (interminable) y con un pepino en la mano.

Lo habrás lavado, ¿no?” Me preguntó ansiosa. “Mierda, mierda, mierda”. Claro, estaba yo como para pensar en lavar. Volví a recorrer el pasillo, llegué a la cocina, lo lavé y volví otra vez. “Uy, pero está un poco frío, ve a calentarlo al microondas porfa…” En aquel momento me sentí como un Telepizza pero de pepinos. Telepepino. Su pedido a tiempo, rico y caliente. Evidentemente me negué a volver a la cocina y le dije que ya lo calentaría ella.

Nunca utilicéis hortalizas para guarrear. Luego puedes estar comiendo ensalada y acordarte que no tiraste a la basura el puto pepino. Es entonces cuando aparece la CARA DE GILIPOLLAS SUPREMA.