martes, 6 de marzo de 2012

Mis caras de gilipollas


Hay situaciones (en la vida de un hombre), que son dignas de la mejor cara de gilipollas que existe. Este tipo de cara es reconocible perfectamente cuando te encuentras ante estas situaciones:

Dependienta fantasma 
Disculpa, ¿tienes esta camisa en negro?” “No trabajo aquí” Cara de gilipollas inmediata. Aún así, su ropa no parecía decir lo contrario.

El moco traidor
Hay cosas que cuestan mucho decir. “Te estoy poniendo los cuernos” podría ser una de las frases que más cuesta decir, o “He matado a toda tu familia” sería otra, pero tengo una que las supera: “Perdona, tienes un moco”. Y es que estamos hablando con ella y los ojos inconscientemente te bajan tres centímetros a la nariz para ver si sigue ahí. 

Ahora, la cara de gilipollas total que se te queda, es cuando llegas a casa de una cita (de toda la tarde y noche) y descubres en el espejo del ascensor que eres TÚ quien tiene el moco. Grandioso momento vivido entre el entresuelo y el primero y subiendo para casa.

Ortodoncia no tan perfecta 
Otra de las frases más difíciles de decir es sin duda alguna: “Tienes un poco de lechuga ahí, en el diente”. Aún así no es muy traidora la lechuga, el más traidor de los alimentos para propiciar hacer el primo durante toda una cena es, claramente, el orégano. Muerte al orégano. Consejo: ir periódicamente al baño durante la cena para comprobar tu dentadura. Hacerlo, que yo tengo la manía de ir al final de la cita y darte cuenta después de dos horas de cena que has hecho el completo gilipollas.

Pregunta lo que quieras, menos esto 
Mujeres del mundo, tenéis libertad para preguntar lo que os salga del potorro después de un polvo porque los hombres nos quedamos exhaustos y anestesiados, y gracias a esto lo contestamos todo. Lo ÚNICO que no podéis preguntar es: “¿YA?” con cara de pena. La mejor respuesta que os podemos dar a esta pregunta es poner cara de gilipollas.

Hortalizas no, gracias 
La mayor cara de gilipollas que se te puede quedar es cuando te encuentras en medio del asunto, dándolo todo (o eso crees) y ella con toda la pachorra va y dice “¿Probamos cosas nuevas?” El movimiento especial Sullivan no le está gustando. UY… Cuando una mujer te dice de probar cosas nuevas, y dependiendo de quién sea, ¡huye! Pero como soy muy abierto la reté: “¿A si? ¿Qué cosas?” “Ve a la cocina y trae un pepino de encima del mármol”. Mi cara cambió de total-fucker a gilipollas absoluto.

Llegué a la cocina rápido para no enfriar la cosa y aquellos tamaños de pepinos eran descomunales “Mierda, mierda, mierda”. Nunca me hubiera imaginado estar en la cocina de esta tía en pelotas escogiendo pepinos. Después de pensar en la chorrada del día, seguí con mi “Mierda, mierda, mierda” Y pensaba: “Si le llevo este me sustituirá por una puta hortaliza, Sullivan, coge el más pequeño”.

Cogí el más pequeño, pero aún así el tamaño era monumental. “¡ME ENFRÍOOO!” Gritaba ella desde la habitación. “Pues una ensalada de pepino fresca” Le contesté inconscientemente. “¿QUEEE?” Mierda, me había oído. “Nada, nada, que ya voy”. Por el amor de dios debía concentrarme y dejar de pensar en gilipolleces.

Ni Pedro Almodóvar hubiera imaginado la escena de un tío como yo, en pelotas por una casa desconocida, en aquel pasillo largo (interminable) y con un pepino en la mano.

Lo habrás lavado, ¿no?” Me preguntó ansiosa. “Mierda, mierda, mierda”. Claro, estaba yo como para pensar en lavar. Volví a recorrer el pasillo, llegué a la cocina, lo lavé y volví otra vez. “Uy, pero está un poco frío, ve a calentarlo al microondas porfa…” En aquel momento me sentí como un Telepizza pero de pepinos. Telepepino. Su pedido a tiempo, rico y caliente. Evidentemente me negué a volver a la cocina y le dije que ya lo calentaría ella.

Nunca utilicéis hortalizas para guarrear. Luego puedes estar comiendo ensalada y acordarte que no tiraste a la basura el puto pepino. Es entonces cuando aparece la CARA DE GILIPOLLAS SUPREMA.

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