Pues sí. El WhatsApp lo carga el diablo. El mismísimo Lucifer se asoció con Satanás para crear ese invento destrózalotodo para que yo pueda explicaros sus grandes características.
Tengo una amiga que es adicta. Pero no adicta a hablar con la gente. No. Adicta a mirar cuál fue la última conexión del chico de sus sueños. Fíjate tú la tontería. Su adicción es tan grande que Pedro Almodóvar podría hacer 9 películas con las historias que se monta. “Última conexión hoy a las 12:32, seguro que se ha ido a comer con aquella guarra porque mira, son las seis de la tarde y claro, no va a coger el móvil comiendo” “Última conexión hoy a las 00:24, este se ha ido de fiesta con la guarra aquella” “CONECTADO, ¡Está conectado! ¡¡Está conectado!!” Aquí cualquier mortal como yo le diría “Pues háblale”, a lo que ella tan estupenda te contesta “Sí hombre, voy a hablarle yo…”. Me empezó a preocupar realmente cuando me llamó muy asustada diciendo “¿Cariño estas bien? ¿Qué pasa?” Yo muy extrañado le contesté que estaba muy bien, como siempre y ella me respondió “Es que tu última conexión es de hoy a las 11:17 y estaba asustada ya” Eran las 15:05. “Tía, tenemos que hablar seriamente”.
Uno de los mejores secretos de esta aplicación: envía una letra al azar. Una R por ejemplo. ¿Qué pasa? Pues que sabes el momento exacto de su última conexión y además puedes iniciar conversación diciendo que ha sido un error de tu móvil. Hay que decir que esta táctica es de principiantes ineptos y ha sido mejorada por mi amiga adicta. Ella envía “update_data” así tal cual, escrito por ella. A modo de archivo de vete a saber dónde. La tía tiene controlado a todo el mundo. Ella sabe a la hora que te vas a dormir, la hora en la que te levantas, si tu BlackBerry tiene algún problema, si tienes cobertura, si hablas mucho, si hablas poco… Ahora está en un centro de desintoxicación. Es el primer caso de Whatsappismo en España.
Te das cuenta de la evolución de la tecnología cuando puedes cocinar y enviar una flamenca bailando sevillanas a la vez. Sí. Yo hago esas cosas por gusto. No os lo recomiendo porque me despisté y ZASCA, me saltó aceite a un centímetro del ojo. Gracias flamenca del WhatsApp, casi me quedo ciego, pero ¡OLÉ, OLÉ YO!
También es malo malísimo porque te conviertes en un plasta sin darte cuenta. Imagínate, con lo que me gusta hablar y encima gratis, y ¡encima puedes enviar muñecos sin sentido alguno! Por favor, que alguien me explique para qué sirve la berenjena. PARA NADA. Para enviarla en momentos de aburrimiento máximo. ¡Simplemente para joder a tus amigos!
Hablando de joder a amigos, no hay nada como tener amigos muy-hijos-de-puta que te envían fotos justo después de ir al baño, diciéndote “Hoy he hecho caca dura, mira”. Le contestas que es un guarro cabrón, que ya le vale y él te responde “Es gratis”.
Exacto, ser con tus amigos un hijoputa, un plasta y un acosador hoy en día es gratis gracias a WhatsApp. Así que a jodernos todos.
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