sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Vacaciones?


Texto escrito en una de esas interminables noches en un hospital italiano dejado de la mano de dios:

Era un verano de esos en los que puedes ir comprobando la alta actividad sexual de los vecinos de tu barrio dependiendo de la falta de cajas de condones en la estantería del Shlecker. Era un verano de esos en los que YO contribuía a agotar esas existencias del Shlecker. Era un verano como dios manda.

Todo iba demasiado bien.

Hasta aquella fatídica mañana, en la que palpando la mesita de noche para encontrar mi teléfono, después del ajetreo de la noche anterior, descubro que tengo 14 llamadas perdidas. Devolví la llamada y la voz del otro lado no tenía buenas noticias. "Tenemos que irnos a Nápoles HOY, es muy urgente, tu madre está allí en un hospital".

Bien, sonaba grave, pero no tan grave como para no alegrarme la vista con las ragazzas italianas y practicar mi italiano.

Una vez en Nápoles te das cuenta de muchas cosas: El taxista que nos llevó hasta el hospital no se puso el cinturón de seguridad. Los conductores no saben de la existencia de los intermitentes. En las motos van hasta 4 personas sin cascos. En las rotondas no existe el ceda el paso...

Pero eso no era todo. Llegamos al hospital y nos dimos cuenta que aquello era una puta mierda, un edificio ruinoso, sucio, tétrico y triste, muy triste.

Aun no había visto ninguna ragazza aprovechable. Claro, sólo llevaba un par de horas en Italia. Pues bien, escribo esto en mi sexto día en Castelldamare di Stabia (dónde está el hospital) y SÓLO he visto UNA que ha hecho que me girara en la calle.

Se ve que Berlusconi reclutó a todas las feas, gordas, adefesios, chonis y malolientes en el sur de Italia para montarse sus fiestas por el norte. Os quejáis de Hitler y sus campos de concentración, pero Berlusconi se ha montado un campo de concentración de FEAS en el sur de Italia que tira pa'tras.

Yo me considero un tío del montón pa'bajo, pero se ve que aquí en el sur de Italia eso está muy bien visto. Dos abuelas que comparten habitación con mi madre se disputan el complacerme con halagos para juntarme con sus respectivas nietas.

Nietas que utilizan tiras transparentes de sujetador, indumentarias mono-color chillonas y aros en los que un delfín podría pasar. "Feria-autos-de-choque total look", que les llamo yo. O "Robemos-cobre total look".

En el sur de Italia es trendy. De hecho, estoy seguro que escuchan Camelli y Camaroni della isli.

Porque esa es otra, si no tienes ni puta idea de italiano, puedes acabarlo todo con i. Te entienden. Le acabo de decir a una abuela "siñori, aparti la cadiri para abriri la finestri". Y oye, la siñori ha apartado la silla para abrir ventana. Soy un puto políglota.



Texto escrito en una de esas interminables noches en un hospital italiano dejado de la mano de dios:

Lo peor de venirte al sur de Italia de urgencia pensando que vienes para dos días pero llevas 6 y puede que más, no es llevar cada día la misma ropa. Lo peor tampoco es tener que dormir en una silla del hospital y ducharte a la mañana siguiente en un hotel de 3 estrellas (que de 3 estrellas le sobran 4). Lo peor ES no haber puesto en la maletita el puto cargador del iPod.

Cambiando de tema; feas de España, si venís aquí triunfareis.

Aquí estaréis muy buenas. De hecho, la fauna autóctona es tan y tan fea que en sus caras no se debe correr ni el Rimmel. De verdad, las tías aquí son más feas que una nevera por detrás.

La zona de maternidad del hospital, que está aquí al lado, tiene los contenedores llenos de bebés ¡que los médicos tiran pensando que han extraído un tumor!

FEAS DE ESPAÑA, VENID AL SUR DE ITALIA.


Texto escrito en una de esas interminables noches en un hospital italiano dejado de la mano de dios:

Me miro las bermudas y veo ese manchurrón de hace 3 días. Pienso "Me suda la polla, estoy en el puto tercer mundo y la de mi lado lleva botines verdes con pantalones amarillo canario".

Mi conclusión de este comportamiento mio es que me mimetizo perfectamente con el ambiente y me se integrar la mar de bien.

Llevo 7 días y aún me parece mentira. Me acuerdo que en el avión mientras la azafata señalaba sin ganas las salidas de emergencia pensaba que apenas hacia 12 horas estaba comiendo fresas con chocolate mirando las estrellas e inventándome los nombres de las constelaciones para dejarla asombrada.

"Mira, esas tres de ahí son el cinturón de Orión. Y mira, en el suelo puedes ver mi cinturón."

Ahora ese cinturón me molesta para coger la postura en la silla del hospital.




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