El otro día me pasó lo que nos
pasa a todos. Necesitas algo urgente para el siguiente día y no lo encuentras.
En mi caso necesitaba la cámara de fotos y sólo encontré la tarjeta de memoria.
Genial, eso se iba a convertir en una yincana y debía ir encontrando partes de
la cámara por toda la casa. Por suerte se me hincharon los huevos rápido y
decidí pedirle prestada una cámara a mi primo. Grata sorpresa me llevé al meter
la tarjeta de memoria en la cámara y ver las fotos que tenía. Igual hacía tres
o cuatro años que no la usaba y eso fue como viajar en el tiempo.
Cumpleaños de mi gran amigo
Alberto, fotos de él con la que era su novia por aquél entonces. Ella era una
paranoica-esquizofrénica y por suerte rompieron, pero las fotos continuaban ahí
inmunes al paso del tiempo. Igual era
que antes no me había fijado en aquello, porque claro, es la chica de tu
colega, pero en la foto la tía salía con un escotazo que casi le llegaba al
ombligo, insinuando sus pechotes. La cara de sorpresa apareció en mi rostro y
ahí que iba yo a poner zoom y más zoom en la zona. ¡No me miréis así! Todos en
algún momento habéis hecho lo mismo gorrioncillos, y eso es así.
Tenía que comunicar al mundo mi descubrimiento, cogí
mi teléfono, hice una foto a la pantalla de la cámara y se la envié tal cual a
Alberto por Whatsapp. Es en ese momento
que me sentí totalmente Carlos Sobera en un concurso de la tele: “Tío tío, tengamos una conversación de
hombre a hombre. Hablemos de tetas. Adivina
de quien son.” ¡JA! No podía enfadarse conmigo porque es un delito que ha
prescrito ya, y además ella desapareció. Parece mentira, pero lo acabó
adivinando a la tercera “¿Te puedo
aconsejar algo?” Le dije preocupado “Espero
que ahora lo hagas de vez en cuando con la luz encendida” Eso de una ex, se
debe reconocer a la primera.
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