lunes, 7 de mayo de 2012

Elvis, cervezas extrañas y una derrota


Sonaba Heartbreak Hotel cantada por el grandísimo Elvis en aquel bar un poco viejuno. Aquella noche era la noche Elvis. Estábamos en la barra con la cuarta ronda de cervezas. Eran cerca de las 2 de la mañana y a mi amiga Mónica le había encantado el local. “Me da vergüenza sacar el iPhone para no desentonar con el ambiente”. Y es que señores, ¡he sacado una conclusión! Lo viejuno y lo carca está de moda. Las cámaras de dos millones de píxels ya no son lo último. Ahora lo que se lleva es hacer fotos al más puro estilo tu-padre-cuando-era-un-jovenzuelo-en-la-mili. Esto me lleva a pensar que las fotos de los álbumes de mi casa, de cuando mis padres eran unos mozos, están hechas con Instagram y el iPhone hace 40 años que está inventado. Si no, no me lo explico. Qué manía con lo raro y lo poco común. Pero que te quiten lo bailao, que las fotos quedan chulas. 

La siguiente que sonaba era Hound Dog y la quinta ronda estaba de camino. Es ahí, en el intervalo de la cuarta y la tercera ronda, donde todo el mundo se sincera. Está científicamente demostrado ya que el grado de alcohol en sangre es el idóneo para razonar lo mínimo y quitarte la vergüenza sin llegar a decirle a la camarera tonterías del estilo “Perdona las disculpas, ¡guuapa!”. Bien, para ratificar esta teoría, Mónica me confesó que un compañero de trabajo se le había insinuado. Esto no sería ningún inconveniente si no fuese porque a Mónica los tíos no le van. Su compi no habría hecho el primo con este malentendido si se hubiera leído las dos reglas básicas para identificar a una lesbiana: camisa de cuadros y que te mire.  La camarera con peinado raro pero maja nos miraba y dudábamos mucho de su orientación, era como algo ambiguo. Igual sólo le hacía gracia nuestra conversación y ante la duda hicimos una apuesta.

Sonando Fever la camarera se acercó “Chicos, vamos a cerrar, ¿tenéis plan?” Mierda, la estaba mirando a ella. “Para ti el que quieras, guapa” Le contestó Mónica. Joder, que directa la tía. Yo me había quedado con una de mis caras de gilipollas viendo pasar el tiempo. “Vivo cerca, si queréis hacemos un par de copas más en mi casa” Me sorprendió que hablara en plural porque ni siquiera me había mirado aún. Mierda. Aquella noche me marchaba acompañado de mi soledad a casa. Para llegar a ser grande hay que admitir las derrotas.    

Decidí retirarme e inventarme cualquier excusa para ponerle el camino fácil. No sé si fue por las cervezas, pero la salida del local se convirtió (en mi mente) en una retirada de musical de Broadway. De fondo King Creole y la gente de las mesas bailando al mismo tiempo y coreando “¡Uh Uh, has perdido! ¡Te vas soooolo!”. Yo bailando con ellos una coreografía perfecta y de fondo ellas dos besándose. Volví de golpe a la realidad y lo único que pensé fue “No puedo coger el coche así, qué cojones llevaba esa cerveza”.

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