Sonaba Heartbreak Hotel cantada por el grandísimo Elvis en aquel bar un
poco viejuno. Aquella noche era la noche Elvis. Estábamos en la barra con la cuarta
ronda de cervezas. Eran cerca de las 2 de la mañana y a mi amiga Mónica le
había encantado el local. “Me da
vergüenza sacar el iPhone para no desentonar con el ambiente”. Y es que
señores, ¡he sacado una conclusión! Lo viejuno y lo carca está de moda. Las
cámaras de dos millones de píxels ya no son lo último. Ahora lo que se lleva es
hacer fotos al más puro estilo tu-padre-cuando-era-un-jovenzuelo-en-la-mili.
Esto me lleva a pensar que las fotos de los álbumes de mi casa, de cuando mis
padres eran unos mozos, están hechas con Instagram y el iPhone hace 40 años que
está inventado. Si no, no me lo explico. Qué manía con lo raro y lo poco común.
Pero que te quiten lo bailao, que las fotos quedan chulas.
La siguiente que sonaba era Hound Dog y la quinta ronda estaba de
camino. Es ahí, en el intervalo de la cuarta y la tercera ronda, donde todo el
mundo se sincera. Está científicamente demostrado ya que el grado de alcohol en
sangre es el idóneo para razonar lo mínimo y quitarte la vergüenza sin llegar a
decirle a la camarera tonterías del estilo “Perdona
las disculpas, ¡guuapa!”. Bien, para ratificar esta teoría, Mónica me
confesó que un compañero de trabajo se le había insinuado. Esto no sería ningún
inconveniente si no fuese porque a Mónica los tíos no le van. Su compi no habría
hecho el primo con este malentendido si se hubiera leído las dos reglas básicas
para identificar a una lesbiana: camisa de cuadros y que te mire. La camarera con peinado raro pero maja nos
miraba y dudábamos mucho de su orientación, era como algo ambiguo. Igual sólo
le hacía gracia nuestra conversación y ante la duda hicimos una apuesta.
Sonando Fever la camarera se acercó “Chicos,
vamos a cerrar, ¿tenéis plan?” Mierda, la estaba mirando a ella. “Para ti el que quieras, guapa” Le
contestó Mónica. Joder, que directa la tía. Yo me había quedado con una de mis
caras de gilipollas viendo pasar el tiempo. “Vivo
cerca, si queréis hacemos un par de copas más en mi casa” Me sorprendió que
hablara en plural porque ni siquiera me había mirado aún. Mierda. Aquella noche
me marchaba acompañado de mi soledad a casa. Para llegar a ser grande hay que
admitir las derrotas.
Decidí retirarme e inventarme
cualquier excusa para ponerle el camino fácil. No sé si fue por las cervezas,
pero la salida del local se convirtió (en mi mente) en una retirada de musical
de Broadway. De fondo King Creole y
la gente de las mesas bailando al mismo tiempo y coreando “¡Uh Uh, has perdido! ¡Te vas soooolo!”. Yo bailando con ellos una coreografía perfecta y de fondo ellas dos besándose. Volví de golpe a la realidad y lo único que
pensé fue “No puedo coger el coche así,
qué cojones llevaba esa cerveza”.
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