lunes, 21 de mayo de 2012

Rubia


Me acuerdo de una novia que tuve. Era rubia y rara, pero duramos mucho tiempo. Duramos tanto porque… no tengo ningún motivo convincente para deciros el por qué de ello. Era rara de cojones, era vegetariana. La verdad es que nunca entenderé a las personas vegetarianas. Para empezar, esa pequeña manía que tienen en no comer nada de carne. Todo ensalidatas, verdura y nada de frankfurts, ni filetes. A mi madre la pobre, se le acababa el repertorio de menús si venia tres veces seguidas a comer a casa.

Esto era un problema a la hora de ir a cenar fuera. De hecho, casi nunca salíamos a cenar, porque claro, para qué pagar una fortuna por una ensalada pudiéndotela hacer en casa a tu gusto. Era tan fuerte su afición por las verduras y las hortalizas que… en fin, creo que ya sabéis la historia de los pepinos.

Su única rareza no era esta, ella quería llegar a ser pediatra sin pasar por la universidad y estudiar medicina. “Pero debes hacer la selectividad para entrar en medicina” Le decía yo pensando que me explicaba cosas que quería ser de mayor cuando tenía 5 años. Yo que sé, yo quería ser el Mochilo de los Fruitis y el Power Ranger azul. Ella quería ser pediatra. Y aún quería seguir siéndolo. “¿Medicina? ¿A si? Que fuerte.” Me contestaba sorprendida. “Que no mujer, con un ciclo de grado medio de mecánica te vale, te estaba tomando el pelo, tonta”. La frase fue textual ya que el último “tonta” quedó para la posterioridad con mis amigos cuando lo explicaba. Desde entonces pasó a ser Rubia Tonta o RT para los muy amigos.

RT agotaba mi paciencia, pero respiraba hondo y se me pasaba. Hasta que un día no podía respirar más hondo y quedé con ella para acabar nuestra relación. Después de casi dos horas explicándole que ya no sentía lo mismo y que deberíamos seguir por caminos diferentes me preguntó “¿Pero estás cortando conmigo?” No le podía decir “Coño, que sí.”  Y tiré por la vía más suave “Pero podemos seguir siendo amigos”.

Mentira. No fuimos amigos ni supimos nada el uno del otro durante más de un año, hasta que un buen día me llamó (así de repente), para que le diera clases de inglés. Evidentemente quería otro tipo de clases, que también se las di, pero el inglés lo machacamos como buen profesor que soy. Mis amigos estaban expectantes cada vez que los veía para que les explicara nuevas historias de RT.

Y cosas del destino, la cosa cada vez comenzaba a ser más seria. Ella no había cambiado para nada, seguía siendo rubia, rara, y a veces muy tonta… pero tenía algo. Decidí presentarla en sociedad el día de mi cumpleaños en casa de unos amigos.

Éramos unas veinte personas y ya íbamos bastante perjudicados por culpa del alcohol. Ella vendría más tarde. Se podía sentir en el ambiente la expectación generada por conocerla. “Por favor, por favor, que no se os escape ningún Rubia Tonta…” Yo estaba muy preocupado después de todo lo que les había explicado, no quería quedar mal bajo ningún concepto con ella. “¡Pero si quería ser pediatra siendo mecánica!” “¡Pero si aún tiene un poster de las Spice Girls en la habitación!, dime Sullivan ¿Cómo llevas lo de follar con la mirada clavada en Mel C?” Es lo que recuerdo que escuché antes de abrirle la puerta.  

¿Y cómo acabó la historia? Pues que te la estoy contando, imagínate. 

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