Una de las aficiones de las
mujeres es ir de compras. Llámale ir de
compras o ir a mirar. Da igual.
Viene siendo lo mismo porque la tarde te la echan. Diseñé un método para saber
cuándo van realmente a comprar ropa o “sólo” a mirar. Diseñé este método porque
dependiendo a lo que se vaya debes ir preparado como hombre y ser rápido de
reflejos. El método es tan sencillo como fijarse si dicen lo de “es que no tengo nada que ponerme para el
viernes”. Esta frase es el pistoletazo de salida a un sinfín de tiendas, de
tocar ropa (porque TOCAN toda la ropa, como si no supieran de la existencia del
tejido), de mirar, de marear a las dependientas… Porque tío, hoy SÍ que va a
comprar.
El tema de las dependientas me
fascina, los que sois de Barcelona, ¿habéis entrado en el Stradivarius de
Passeig de Gràcia? Voy a repetir la pregunta para que se entienda. ¿Vosotros,
TÍOS, habéis entrado en el PARAISO de dependientas HIPER-BUENORRAS?
EXACTO, amigo, si no lo has hecho
aún, obliga a tu novia a que te lleve de compras por ahí (que se meta en el
probador a probarse ropa) y me entenderás.
Este es uno de los motivos de las compras con la compañía de los
novios. Nos ponen a prueba. Es más, un novio, en una tienda de ropa se ve. Se
nota, lo lleva escrito en la cara que es un novio y que está hasta los huevos
de entrar en tiendas. Se diferencian por llevar en un brazo el abrigo de la
novia y en la otra mano el bolso. Pero
no como quien lleva unas bolsas del Mercadona, NO. El bolso de la novia se
lleva como con asco, alejado del cuerpo como queriendo decir “Eh, no es mío, es de mi novia”. A todo
esto súmale la frasecita que le suelta la chica “No mires tanto a la dependienta, que te he visto”. Una vez vi esta
situación y estuve a punto de interrumpir la conversación, salvar al pobre
chico y decirle a la novia “Tía, has sido
tú quién le ha traído al PARAISO de dependientas HIPER-BUENORRAS, un poco de
compasión”.
Una vez que consigues superar la
primera prueba y no te fijas en el pedazo de culo apretadito que tiene la
dependienta que dobla camisetas, viene la siguiente prueba. Esto es como el
Gran Prix, pero sin vaquilla ni Ramón García. El segundo reto consiste en saber
mentir. Es decir, llegará el momento en que te dirá “¿Crees que esto me pega con la camisa marrón que me compré el otro
día?” Ahí está el problema. Que los
hombres no recordamos ni lo que hemos comido. Entonces es imposible que nos
acordemos de su camisa marrón nueva. Así que amigos, la respuesta clave y
universal para este tipo de pregunta es “Un
tono más oscuro le iría mejor”. ¡Y quedas como el mejor novio del mundo!
La tercera prueba de la tarde
viene en los probadores. Tienes que
sacar tu sentido de la orientación de lo más profundo y a las órdenes de “Tráeme estos pantalones en una talla menos”
debes desenvolverte con soltura por la tienda e ir exactamente a buscar ESE
modelo en ESA talla. Ocasión perfecta para fijarte en el culazo de la
dependienta que dobla camisetas sin miedo a ser descubierto. Y ahí te
encuentras tú, al otro lado de la cortina, después de haber ido tres veces a
cambiar la talla de dos pantalones y una camisa porque la tía no tiene nada con
que vestirse para el viernes.
Ya queda menos, es hora de pagar
y tu novia llega con UNA prenda a la caja. “¿Y
las otras cuatro?” “Ah, no, las he
ido dejando por el camino porque no me convencían” Es increíble la
habilidad que tienen las mujeres para irse desprendiendo de ropa en una tienda
sin que te des cuenta.
Resumen de Stradivarius: 1 hora
13 minutos, sales con la tienda memorizada en tu cabeza como si de un plano de
ciudad se tratara de las veces que te la has pateado, la dependienta del culazo sigue doblando
camisetas y tu novia se ha comprado UNA triste camiseta de 9,95€.
Espectacular. Menos Moritz y más Stradivarius.
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